Siguiendo a KonMary, estoy intentando enfrentarme a mi ciberespacio, mis archivos, guardados por tanto tiempo, consultados casi nunca, guardados en gran medida por el miedo de perderlos, de algún día necesitarlo y no tenerlo.

Me encuentro, entre los archivos, que en muchos casos abro de a uno, unos teléfonos, que como fotos viejas me recuerdan gente que conozco (o que conocí), que no se que fue de ellos. Teléfonos que estoy casi seguro que no existen más, teléfonos fijos a los cuales les faltan un par de números, un 4 y un 5 que agregaron después.

Junto con los números están los nombres, en algunos casos nombres que no me acuerdo (están entre paréntesis, al lado del apodo), gente que no se si vive, que ahora querría saber si está viva, qué fue de su vida y a la vez dudo si realmente me importa.

Nombres

Me encuentro por ejemplo con Marta Abalos, que quizás es “Delia”, una persona que me cuidó durante más de 10 años, que me enseño mil cosas que ahora doy por echas, pero no estoy seguro si quiera de su nombre, borro ese archivo y ese nombre. Se que Delia está muerta, recuerdo el cajón, fue el primer funeral que recuerdo. ¿Alcanza ese recuerdo para recordarla? ¿borro el archivo?

Están algunos amigos de la primaria, amigos que tuve, que sólo me suena el nombre, sólo algo fugaz, sería imposible ahora para mi encontrarlos, Rodrigo me defendió una vez que me querían pegar, con Esteban visitamos algún tipo de fábrica, la señorita Gladis me mostró un libro muy grande que enseñaba a fabricar un avión a control remoto que volaba.

Apellidos de familias que me suenan a charla con mi mamá y mi papá, la Negra y Roberto, los Fain, los Kozol, los Teitelman. Ricardo Gandini con el que una vez preparamos mouse de chocolate.

Amigos

Listas grandes de amigos en la secundaria, de alguien que ya no soy yo, de un Eloy que extraño, con grupos que tenían un nombre: la Resaca, los del Comic, el CdO.

Unos pocos siguen siendo amigos de esos que uno ve con frecuencia, algunos los veo cada tanto, se en que andan, pero ya no nos vemos. Pero la gran mayoría son personas que no veo más, no se que fue de ellos, por alguna causa nos alejamos. En muchos casos creo que lo que pasó es que pequé de soberbio y me faltó ponerle onda para mantener el contacto.

Qué fue de Fabricio, de Elisa, de Ezequiel, Mariana, Toia, la Meli, Andrea, Ángeles, Liz, Lorena, Lucía, la Fabi y Nina.

Facebook

Uno de los problemas es que nunca acepté usar Facebook, por un lado, no puedo creer realmente en que va a seguir existiendo mucho tiempo y temo construir en algo tan frágil, pero por otro sólo por precaución, por que se que ellos son más fuertes que yo.

Sin embargo, ellos prometen solucionar este problema, yo podría entrar, recuperar a esta gente, agendar el teléfono y borrarme el facebook, pero no lo hago, tiene sentido entonces guardar estos archivos?

Quién quiero ser

Es interesantes lo que plantea el libro de Mary Kondo, al elegir que guardar uno elige también a dónde quiere ir, que quiere ser. Yo me enfrento al problema de que en realidad no estoy seguro de qué pasó, no estoy seguro de si esa gente no está porque ya no tengo nada que ver con ellos o porque algo salió mal, entonces conservo estos archivos para deshacer el error si lo descubro alguna vez.

En el camino, me convierto en alguien que guarda esta culpa, estos archivos viejos con nombres de personas que perdí, espero que esta entrada alcance para decirles gracias, que sirva como saludo para todos estos amigos y conocidos que ya no me acompañan y que espero ahora poder borrar en paz.

Guardo los recuerdos, guardo algunas fotos y guardo algunos amigos, con los que sigo en contacto y espero que tras haber borrado estos fantasmas pueda mimar un poco más.